OPINIÓN

La naturaleza no es el paisaje, es nuestra condición de supervivencia

En la Hora del Planeta 2026, el desafío ha dejado de ser simbólico. Cada año, esta iniciativa nos invita a un gesto sencillo: apagar la luz. Un minuto de oscuridad que, paradójicamente, busca arrojar claridad sobre lo invisible. Sin embargo, este año en Chile —bajo el lema “El papel de la naturaleza”— el mensaje nos obliga a ir mucho más allá del interruptor.

Nos obliga a admitir una verdad incómoda: el modelo de desarrollo que nos trajo hasta aquí ya no tiene sustento. Durante décadas operamos bajo una ficción peligrosa: que la economía era el motor y la naturaleza solo el paisaje donde ese motor funcionaba. Hoy, la crisis climática y la presión sobre nuestros ecosistemas nos demuestran que esa separación nunca existió: sin naturaleza, sencillamente, no hay economía posible.

Esta interdependencia se traduce hoy en una exigencia directa tanto en la góndola como en los directorios. El ciudadano en Chile ha dejado de ser un espectador. Lo vemos en las calles y en las conversaciones del pasado fin de semana: una ciudadanía movilizada que entiende que el bienestar personal es inseparable de la salud del entorno. Según la encuesta de Cadem “Radiografía de la belleza y bienestar en Chile”, para ocho de cada diez personas, el autocuidado es hoy un acto de conciencia ambiental.

Esta nueva ética no es un obstáculo para el crecimiento, sino la nueva brújula de las compañías. Las empresas estamos entendiendo que la competitividad ya no nace de la extracción, sino de la sintonía con un consumidor que detecta el greenwashing a kilómetros y exige coherencia.

El 2026 marca un punto de inflexión con la implementación de los estándares internacionales de reporte (ISSB). Los riesgos ambientales dejan de ser un anexo de Responsabilidad Social para integrarse en el corazón de la estrategia financiera. La sostenibilidad dejó de ser una capa de pintura reputacional para convertirse en la «obra gruesa» de la gestión: quien no regenere el valor que consume, simplemente dejará de ser relevante para el mercado.

Ante la pregunta de si es posible seguir creciendo en un entorno que ya no lo resiste, la respuesta no es dejar de crecer, sino transformar la naturaleza de ese crecimiento. En Chile, con nuestra vanguardia climática y desafíos hídricos, tenemos la oportunidad de liderar esta transición.

Ya no basta con «reducir el daño» o alcanzar el impacto neto cero; el nuevo imperativo es la regeneración. Esto implica: Diseñar modelos de negocio que fortalezcan la sociobiodiversidad; innovar con propósito: que cada producto sea una solución y no un residuo (como el uso de repuestos que ahorran plástico y dinero). Pero también exige facilitar la logística del hábito consciente, disponiendo espacios que simplifiquen el acceso al reciclaje para el ciudadano y permitan equilibrar impacto, calidad y acceso real.

La Hora del Planeta sigue durando sesenta minutos, pero lo que representa ya no cabe en ellos. Nos recuerda que el problema nunca fue la luz, sino todo lo que decidimos ignorar mientras la teníamos encendida.

Hoy, el liderazgo empresarial se mide por una nueva métrica: la capacidad de entender que la naturaleza no es un recurso a explotar, sino la red que sostiene nuestro futuro. Apaguemos la luz para ver lo importante: la naturaleza no es el contexto del desarrollo, es su única condición de existencia.

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