INTERNACIONAL

FAO advierte que cierre de Ormuz podría desatar crisis alimentaria global más grave que la del covid-19

 

El eventual cierre prolongado del estrecho de Ormuz podría desencadenar una crisis económica de gran magnitud, incluso superior a la vivida durante la pandemia, debido al impacto directo en los costos de producción de alimentos a nivel mundial.

Así lo advirtió el economista jefe de la FAO, Máximo Torero, quien señaló que si la interrupción del tránsito en esta estratégica vía marítima se extiende entre 30 y 60 días, las consecuencias sobre los precios y la producción alimentaria podrían ser severas.

El conflicto en Medio Oriente ya ha comenzado a reflejarse en los mercados, considerando que por el estrecho de Ormuz circula un porcentaje significativo de insumos clave para la agricultura, como el petróleo, fertilizantes, gas natural y sulfuro. Estos elementos resultan esenciales para sostener la producción de alimentos a nivel global.

En ese contexto, el último índice de precios de los alimentos de la FAO registró un alza en marzo, alcanzando los 128,5 puntos, lo que representa un incremento respecto al mes anterior y también en comparación con el mismo período del año pasado.

Uno de los efectos más inmediatos ha sido el encarecimiento de los fertilizantes, cuyo precio ha aumentado en un 50% durante el primer mes de conflicto. Esta situación ha golpeado especialmente a países en plena temporada de siembra, como Bangladesh, India y Sri Lanka en Asia, así como Sudán y Kenia en África, considerados actualmente los más afectados por esta alza.

De prolongarse el conflicto, el impacto podría extenderse hacia grandes potencias agrícolas como Brasil, Argentina, Estados Unidos y Australia. En estos países, los productores enfrentarían la necesidad de ajustar sus procesos ante el aumento de costos y la reducción de márgenes, lo que podría traducirse en menores niveles de siembra o cambios en los cultivos.

Este escenario generaría un “efecto cascada” en la oferta mundial de alimentos, con consecuencias que comenzarían a evidenciarse hacia mediados y finales del presente año, afectando directamente los precios para los consumidores.

A estos factores se suman daños en infraestructuras energéticas y plantas desalinizadoras, lo que podría ralentizar la recuperación económica en las zonas afectadas, además de una eventual caída en la demanda de alimentos desde los países del Golfo, importantes importadores.

Según el análisis de la FAO, si la situación se prolonga más allá de los 60 días, los efectos podrían comprometer incluso la productividad del año 2027, profundizando el impacto global.

Pese a este escenario, el organismo internacional llamó a evitar el pánico, asegurando que existen reservas de alimentos. Sin embargo, enfatizó la urgencia de abordar el problema de los costos de insumos, apuntando como medida clave la reapertura del estrecho de Ormuz.

Finalmente, el organismo destacó la importancia de avanzar hacia una mayor resiliencia del sistema alimentario, promoviendo la diversificación de fuentes energéticas y de insumos, así como el impulso a una agricultura más sostenible frente a escenarios de crisis.

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