OPINIÓN

«La logística invisible que define nuestra competitividad»

Cada vez que pedimos un producto y llega en menos de 24 horas, pocas veces pensamos en el sistema que lo hizo posible. Detrás de esa experiencia aparentemente simple hay una red compleja de puertos, carreteras, centros de distribución y decisiones que, en conjunto, definen no solo la eficiencia de nuestras ciudades, sino también la competitividad del país.

La logística no es un tema técnico ni sectorial. Es una de las infraestructuras invisibles sobre las que se sostiene la economía. En un país como Chile, profundamente dependiente del comercio exterior, su buen funcionamiento no es un lujo, sino una condición mínima para competir. Sin embargo, seguimos tratándola como si fuera un problema secundario.

El sistema logístico chileno ha avanzado en eficiencia, pero ha sido de manera fragmentada. Los distintos modos como puertos, camiones, trenes y distribución urbana operan más como piezas sueltas que como una red integrada. La carga llega a los puertos y sale directamente a la ciudad sin que necesariamente se resuelva cómo impacta el traslado de la carga en la ciudad. Otro ejemplo es que el uso del tren, que es un modo más sostenible y de menor impacto que los camiones, sigue siendo todavía marginal respecto a cómo se distribuyen las cargas en el sistema – los vehículos de carga transportan casi un 90% del total . Por otro lado, la última milla se resuelve muchas veces ocupando vereda, por ejemplo, cuando los vehículos de reparto se detienen en doble fila o utilizan las aceras como puntos de descarga.

Esa forma de operar tiene consecuencias. Cuando los modos de operación o las etapas de traslado de bienes no están integradods las cargas recorren más kilómetros, enfrentan más tiempos de espera y generan mayores costos. En un país exportador, eso significa una pérdida directa de competitividad. Por otro lado, los costos directos de la falta de eficiencia logística es que haya más congestión, ruido, deterioro del espacio público y desigual distribución de impactos entre territorios.

En este tema, en nuestro país existe evidencia, experiencia internacional y capacidades técnicas de alto nivel, pero seguimos tomando decisiones en silos (transporte, vivienda, obras públicas y planificación urbana). Lamentablemente, si bien cada vez sabemos más sobre las ventajas de la intermodalidad, logística urbana o planificación integrada, las decisiones siguen respondiendo a inercias institucionales, tiempos largos y falta de coordinación.

El desafío no es solo hacer la logística más eficiente, es decir, resolver en menores tiempos y con más integración de los sistemas de traslado, sino que hacerla más justa y, sobre todo, más consciente de su rol en la ciudad. Si solo optimizamos tiempos de entrega, muchas veces estaremos trasladando costos al espacio público, al medioambiente o a ciertos territorios. Y, si bien estamos en un país que aspira a ser cada vez más competitivo, no basta sólo con mover más rápido los bienes. Si somos capaces de integrar la logística al proyecto de ciudad y de país que queremos construir, entonces estaremos desarrollándonos de manera más inteligente y más justa.

 

Por Beatriz Mella (Directora alterna centro CATLEC y académica UNAB)

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