
La expansión del brote de ébola en el este de la República Democrática del Congo mantiene en alerta a las autoridades sanitarias internacionales, luego que la Organización Mundial de la Salud reportara cientos de contagios sospechosos y un creciente número de fallecimientos asociados a la enfermedad.
Según el último balance de la Organización Mundial de la Salud, desde la declaración oficial de la epidemia el pasado 15 de mayo se han registrado 906 casos sospechosos, incluyendo al menos 223 muertes bajo investigación.
Los análisis de laboratorio realizados hasta el 24 de mayo permitieron confirmar 105 contagios y diez fallecimientos en distintas zonas sanitarias de la República Democrática del Congo, principalmente en las provincias de Ituri, Kivu del Norte y Kivu del Sur. La provincia de Ituri continúa siendo el principal foco de propagación y concentra la mayoría de los casos confirmados y sospechosos.
Las autoridades sanitarias enfrentan importantes dificultades para contener la expansión del virus. Más de dos mil contactos han sido identificados para seguimiento epidemiológico; sin embargo, factores como la inseguridad, restricciones de desplazamiento, movilidad asociada a comunidades mineras y la escasez de personal especializado han complicado el rastreo.
La OMS advirtió además que corredores de movilidad vinculados a la actividad minera podrían estar facilitando cadenas silenciosas de transmisión, especialmente en zonas de explotación aurífera.
Otro elemento que preocupa es el aumento de ataques a centros de salud y episodios de resistencia comunitaria, hechos que dificultan las labores médicas y de control sanitario. Según el organismo internacional, la desinformación y la desconfianza han generado obstáculos para implementar medidas preventivas y protocolos de entierro seguro.
El escenario también ha comenzado a generar efectos fuera del territorio congoleño. En Uganda ya se confirmaron siete casos y un fallecido, considerado un contagio importado, mientras continúan las labores de seguimiento a cientos de contactos.
La situación adquiere una complejidad adicional debido a que la cepa Bundibugyo, responsable de este brote, no cuenta actualmente con vacunas ni tratamientos aprobados. Su tasa de mortalidad puede variar entre el 30% y el 50%.
Ante el avance de la enfermedad, la OMS elevó recientemente el nivel de riesgo de “alto” a “muy alto” para República Democrática del Congo y Uganda, mientras mantiene vigilancia sobre otros países africanos que comparten fronteras con las zonas afectadas.




