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Día Mundial de Internet: Chile consolida su hiperconectividad mientras crece el debate por el impacto digital en la vida cotidiana

Hace apenas veinte años, conectarse a internet en Chile implicaba líneas telefónicas lentas, cibercafés y horarios restringidos. Hoy, en cambio, la conectividad digital atraviesa prácticamente cada aspecto de la vida cotidiana: desde el trabajo y la educación hasta el entretenimiento, las compras y las relaciones personales.

En el marco del Día Mundial de Internet, celebrado en todo el planeta cada 17 de mayo, con la finalidad de promover la importancia de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), mejorar la accesibilidad a la red y reducir la brecha digital a nivel global, las cifras muestran cómo Chile se transformó en uno de los líderes digitales de América Latina.

Según datos de la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel), Chile ya supera las 10 millones de conexiones 5G y cerca del 84% de las conexiones fijas funcionan mediante fibra óptica.

A ello se suma otro dato clave: el acceso a internet alcanza actualmente a más del 96% de los hogares chilenos, una cifra récord que refleja el nivel de masificación de la conectividad en el país. Hace una década, ese porcentaje apenas bordeaba el 70%.

Un país cada vez más conectado

Chile no solo aumentó su cobertura digital, sino también la calidad de sus conexiones. Según Subtel, casi 7 de cada 10 hogares con internet fijo ya cuentan con velocidades de entre 500 y 1.000 megas, lo que posiciona al país entre los mercados más avanzados de la región.

En efecto, como explica Pedro Gallardo, director en Ciberseguridad de Minsait, en declaraciones al programa Impacto Tecnológico de BioBio TV, “el internet pasó de ser una herramienta complementaria a convertirse en una infraestructura esencial para el funcionamiento de la sociedad. Hoy el acceso digital define oportunidades laborales, educativas, económicas y sociales”.

En esa línea, el experto advirtió que la creciente digitalización también ha elevado la exposición a amenazas cibernéticas que pueden afectar no solo a personas, sino también a empresas, instituciones y servicios críticos. “Hoy internet está presente en prácticamente todos los aspectos de nuestra vida: trabajo, banca, comercio, servicios públicos y comunicaciones personales. Por eso, la ciberseguridad dejó de ser un tema exclusivamente técnico y pasó a convertirse en una prioridad estratégica para los países y las organizaciones”, señala.

Y es que la protección digital no depende únicamente de grandes sistemas tecnológicos, sino también de hábitos cotidianos de los usuarios. “Utilizar contraseñas robustas y únicas, activar la verificación en dos pasos y mantener una actitud preventiva frente a mensajes o enlaces sospechosos son medidas simples que ayudan a reducir significativamente los riesgos de fraude, robo de información y vulneración de datos”, comentó Gallardo.

Para el director en Ciberseguridad de Minsait, el desafío actual no solo está en responder a incidentes, sino en desarrollar capacidades de anticipación y resiliencia. “La confianza digital se construye combinando tecnología, cultura de ciberseguridad y preparación. En un entorno cada vez más conectado, proteger los datos, las plataformas y los servicios esenciales también es proteger la continuidad operativa y la confianza de las personas”, concluye.

La otra cara de la hiperconectividad

Sin embargo, el crecimiento digital también abrió nuevas preocupaciones. Especialistas alertan sobre el aumento de la dependencia tecnológica, especialmente entre niños, adolescentes y jóvenes.

El uso intensivo de redes sociales, la sobreexposición a pantallas y la necesidad permanente de estar conectados comenzaron a impactar áreas como la salud mental, el descanso y las relaciones interpersonales.

“Estamos frente a una sociedad hiperconectada. El problema no es internet en sí, sino cómo aprendemos a convivir con esta tecnología sin que termine afectando nuestro bienestar”, señala Angelo Catricheo, director general de Informática y Tecnología de la Universidad del Alba.

Uno de los fenómenos más visibles ha sido el reemplazo de servicios tradicionales por plataformas digitales. Según estadísticas sectoriales, la televisión pagada y la telefonía fija continúan cayendo sostenidamente en Chile, mientras el tráfico de datos móviles y de internet fijo sigue aumentando año a año.

Solo durante 2025, el tráfico anual de internet fijo en Chile superó los 36 exabytes, mientras el tráfico móvil aumentó más de un 10% respecto del año anterior.

El desafío pendiente: cerrar la brecha digital

Pese a los avances, expertos advierten que aún persisten diferencias importantes entre zonas urbanas y rurales, especialmente en calidad de conexión y alfabetización digital.

Aunque el acceso general supera el 96%, cerca de un 25% de los hogares se conecta únicamente mediante internet móvil, una limitación que puede afectar el acceso a educación, teletrabajo y contenidos de alta demanda.

“La brecha digital ya no es solamente quién tiene internet y quién no. Hoy también importa la calidad de la conexión, las habilidades digitales y la capacidad de usar la tecnología de manera segura y productiva”, sostiene el experto de la Universidad del Alba.

El debate se vuelve especialmente relevante en momentos donde tecnologías como la inteligencia artificial comienzan a instalarse masivamente en la vida cotidiana.

Hacia una internet más humana

En medio del avance tecnológico, expertos coinciden en que el gran desafío será construir una cultura digital más consciente.

Combatir la desinformación, fortalecer la seguridad online y promover hábitos saludables de uso tecnológico aparecen como algunas de las tareas prioritarias para los próximos años.

“El futuro no depende solo de tener más velocidad o más cobertura. También depende de cómo usamos internet para mejorar la calidad de vida, fortalecer la democracia y generar bienestar social”, concluye director general de Informática y Tecnología.

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