EMPRESAS

Emprender no basta: formar para sostener es el verdadero desafío

En un contexto laboral dinámico y condicionado a las contingencias globales, el emprendimiento se ha instalado como una alternativa cada vez más frecuente para miles de personas en Chile. Sin embargo, detrás de esta aparente vitalidad, persiste una fragilidad estructural: más de la mitad de los microemprendedores —un 54,2%— opera en la informalidad, sin estar registrado ante el Servicio de Impuestos Internos (SII) ni contar con herramientas básicas de gestión financiera.

El dato no es menor, puesto que, no solo limita el crecimiento de los negocios, sino que también, los expone a mayores niveles de vulnerabilidad, dificultando su acceso a financiamiento, redes de apoyo y estabilidad en el tiempo. En este contexto, el desafío no es solo fomentar el emprendimiento, sino hacerlo sostenible.

Frente a esta realidad, la discusión deja de centrarse únicamente en cuántos emprenden y comienza a poner el foco en cómo se preparan para hacerlo. Es precisamente en este punto donde la formación cobra un rol estratégico.

En el marco del Día del Emprendimiento (16 de abril), la red de colegios Cognita Chile plantea que el sistema educativo tiene un rol clave en la preparación de las nuevas generaciones, que va más allá de la entrega de múltiples: “La innovación ya no puede ser vista como un complemento. Hoy es una herramienta fundamental para que los estudiantes comprendan el entorno laboral al que se enfrentarán”, señala Carla Cerda, Coordinadora de Programas Formativos de Cognita.

Uno de los ejes de esta apuesta es el Programa de Emprendimiento Empresarial, dirigido a estudiantes de III medio. A través de esta iniciativa que cuenta con una trayectoria de 18 años impartiéndose, los alumnos trabajan en el desarrollo de proyectos propios, partiendo desde la identificación de problemáticas reales hasta la creación de soluciones con impacto económico, social y medioambiental.

La pertinencia de este enfoque se vuelve aún más evidente al considerar que, en Chile, cerca del 80% de los nuevos emprendimientos no logra superar los tres años de vida. Más allá de la motivación inicial, el principal desafío radica en la capacidad de sostener los proyectos en el tiempo.

“Cuando un estudiante de 16 años se enfrenta al desafío de levantar un proyecto desde cero, no solo aprende sobre negocios. Desarrolla habilidades clave (competencias para empreder) como la colaboración, la comunicación efectiva y la capacidad de sobreponerse al error. Esa resiliencia es la que marca la diferencia entre una idea que fracasa y un proyecto que logra consolidarse”, explica Héctor Lillo, rector del colegio Pumahue Huechuraba, parte de la red Cognita.

Así, en un país donde emprender muchas veces responde más a la necesidad que a la oportunidad, la discusión comienza a desplazarse desde el fomento del emprendimiento hacia la calidad de su formación para emprender. El reto, advierten los expertos, no está solo en incentivar que más personas emprendan, sino en asegurar que cuenten con las herramientas necesarias para hacerlo bien —y, sobre todo, para perdurar.

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